
Gracias a Blizzard, pudimos probar el acceso anticipado de Diablo IV: Lord of Hatred, la nueva y esperada expansión de Diablo IV, que se convertirá en la segunda gran expansión desde el lanzamiento de Vessel of Hatred. Su estreno oficial está previsto para el 28 de abril de 2026 en PC (Battle.net y Steam), Xbox Series X|S, Xbox One, PlayStation 5 y PlayStation 4.
El Paladín vuelve a alzar su escudo
La nueva expansión de Blizzard Entertainment marca el inicio de una etapa narrativa más oscura y ambiciosa, pero también ofrece un incentivo clave para volver a Santuario antes de tiempo: el acceso anticipado al Paladín, una de las clases más pedidas y emblemáticas de toda la saga.
Desde los primeros minutos, queda claro que Lord of Hatred no es una expansión más. La historia retoma los acontecimientos posteriores a la caída de Lilith, con Neyrelle luchando por contener la corrupción de Mefisto, cuyo poder comienza a filtrarse hacia las islas sagradas de Skovos, una nueva región que amplía el mapa y profundiza el eterno conflicto entre el Cielo y el Infierno. El tono es más sombrío y desesperado, reforzando esa sensación clásica de Diablo donde cada victoria se paga con un precio.
Sin embargo, la gran estrella de este acceso anticipado es, sin dudas, el Paladín. El santo caballero regresa a Diablo IV combinando lo mejor de dos mundos: la nostalgia de Diablo II y la espectacularidad del Crusader de Diablo III. Habilidades icónicas como Blessed Hammer, Zeal y las Auras vuelven a escena, ahora reinterpretadas bajo los sistemas modernos del juego, ofreciendo una fantasía de espada y escudo que se siente poderosa, versátil y muy satisfactoria.
El corazón del Paladín reside en su sistema exclusivo de Juramentos, que define distintos estilos de juego. El Zealot Oath apuesta por una ofensiva implacable basada en velocidad de ataque y golpes críticos; el Juggernaut Oath transforma al personaje en una auténtica fortaleza viviente, ideal para absorber daño y proteger al grupo; el Judicator Oath se centra en devastadores ataques de área con daño sagrado; mientras que el Disciple Oath introduce una transformación angelical que potencia la movilidad, el daño y el control del campo de batalla.
En términos de jugabilidad, el Paladín se siente sólido desde el inicio, con sinergias claras y fáciles de comprender, lo que lo convierte en una clase accesible tanto para veteranos como para nuevos jugadores. Además, su fuerte rol de soporte mediante auras lo vuelve especialmente valioso en el contenido cooperativo, reforzando el enfoque grupal del endgame que Blizzard planea expandir en esta nueva etapa del juego.
La impresión general es contundente: el Paladín no es una simple mirada al pasado, sino una evolución bien pensada que respeta la identidad clásica y la adapta al presente de Diablo IV. Su llegada anticipada ya logra algo clave: reavivar el interés de jugadores que se habían alejado y sentar una base sólida para Lord of Hatred, una expansión que promete nueva campaña, nuevas clases, cambios profundos en el endgame y el regreso de elementos tan icónicos como el Cubo Horádrico.
Lord of Hatred incluye la expansión completa de Vessel of Hatred

Un punto clave a tener en cuenta es que Lord of Hatred incluye la expansión completa de Vessel of Hatred. Al precómprarla, los jugadores desbloquean de forma inmediata la primera expansión de Diablo IV, lo que permite revivir los eventos que encendieron la llama de la oscura ambición de Mefisto y sentaron las bases del conflicto actual.
Esta inclusión no solo amplía el valor del paquete, sino que también permite experimentar el recorrido narrativo completo: encarnar la furia primigenia de la clase espiritualista, adentrarse en la tierra virgen e indómita de Nahantu, reclutar mercenarios para fortalecer la aventura y enfrentarse cara a cara con la oscuridad invasora que amenaza con consumir Santuario.




