
Diablo IV celebra los 30 años de la saga con la Temporada del Legado Infernal, también conocida como Temporada 15, que trae de regreso a los Males Supremos, los Errantes Oscuros, los Ecos del Mal y las Pesadillas en Vigilia, además de nuevos objetos, recompensas y contenidos inspirados en distintas etapas de la historia de Santuario. La temporada ya está disponible en PC, PlayStation 4, PlayStation 5, Xbox One, Xbox Series X|S y Nintendo Switch 2, donde el juego debutó el 15 de septiembre junto con la Age of Hatred Collection, con progreso multiplataforma.

Hay temporadas que simplemente agregan contenido a un juego que ya conocemos y hay otras que buscan hacer algo diferente. La Temporada del Legado Infernal, la Temporada 15 de Diablo IV, pertenece claramente al segundo grupo. Blizzard aprovechó la celebración de los 30 años de Diablo para construir una temporada que mira constantemente hacia el pasado y recupera personajes, escenarios, enemigos, objetos y conceptos que marcaron a las diferentes entregas de la franquicia.

Hay temporadas que simplemente agregan contenido a un juego que ya conocemos y hay otras que buscan hacer algo diferente. La Temporada del Legado Infernal, la Temporada 15 de Diablo IV, pertenece claramente al segundo grupo. Blizzard aprovechó la celebración de los 30 años de Diablo para construir una temporada que mira constantemente hacia el pasado y recupera personajes, escenarios, enemigos, objetos y conceptos que marcaron a las diferentes entregas de la franquicia.

Después de jugarla, la sensación que queda es que Blizzard encontró una buena manera de utilizar la nostalgia sin convertirla simplemente en una colección de referencias. La temporada nos lleva a recorrer los recuerdos quebrantados de los Errantes Oscuros, recuperar la esencia de los grandes Males Supremos y enfrentarnos a versiones renovadas de algunos de los momentos más recordados de la saga. Todo esto utilizando el sistema de combate y el apartado visual de Diablo IV.

Y, como si fuera poco, esta temporada también permite jugar con el Conjurador, una clase que personalmente nos encantó y que aporta una forma muy particular de enfrentarse a las hordas infernales.
Los Errantes Oscuros regresan

La historia de la temporada comienza con el regreso de tres Errantes Oscuros provenientes del Pandemonio. Cada uno se ha convertido en receptáculo de un Mal Supremo, llevando consigo las pesadillas y recuerdos de un pasado que vuelve a atormentar a Santuario.
La aventura nos pone nuevamente bajo la guía de Deckard Cain, uno de los personajes más importantes de la historia de Diablo. Su presencia funciona además como un puente directo con las primeras entregas, mientras seguimos las huellas de estos Errantes y nos adentramos en sus recuerdos.

La idea es sencilla, pero funciona muy bien: tenemos que entrar en sus recuerdos quebrantados, enfrentarnos a las criaturas y horrores que marcaron sus destinos y descubrir qué ocurrió con estas figuras que regresaron del Pandemonio.
Es justamente en estos recorridos donde aparece buena parte del componente nostálgico de la temporada. Los escenarios y situaciones remiten directamente a diferentes momentos de la historia de Diablo, pero están reconstruidos utilizando el motor, los gráficos y las posibilidades actuales de Diablo IV.
Las Pesadillas en Vigilia: volver al pasado

Las Pesadillas en Vigilia son probablemente una de las mejores ideas de esta temporada. A través de ellas podemos explorar los recuerdos fracturados de los Errantes Oscuros y enfrentarnos a diferentes visiones del pasado de Santuario.
La gracia está en reconocer elementos que forman parte de la historia de la franquicia, pero encontrarlos dentro del gameplay actual de Diablo IV. Los escenarios, enemigos y situaciones remiten directamente a los juegos clásicos, aunque ahora podemos enfrentarlos utilizando nuestras builds y todas las herramientas disponibles en la cuarta entrega.
Entre los enfrentamientos más destacados aparecen Diablo bajo la Catedral de Tristram, Baal en la Cima de Arreat y Mefisto en la Representación del Odio. Para quienes jugaron Diablo y Diablo II, encontrarse nuevamente con estos lugares tiene un componente emocional evidente.
Pero lo mejor es que no se trata simplemente de una visita única. Las Pesadillas en Vigilia pueden volver a jugarse y ofrecen recompensas de acuerdo con el nivel de Tormento elegido, además de contar con otras variantes de contenido como mazmorras y oleadas en el mundo abierto.
Los Ecos del Mal

Los Ecos del Mal son otra de las principales novedades. Se trata de los restos de los Males Supremos que corrompieron a los Errantes Oscuros y que ahora aparecen dentro de sus recuerdos fracturados.
Estos encuentros nos enfrentan a enemigos poderosos nacidos de las pesadillas de los Errantes y permiten conseguir recompensas imbuidas con la esencia de algunos de los villanos más importantes de la historia de Santuario.
La mecánica encaja muy bien con la estructura de Diablo IV: entramos, eliminamos hordas de enemigos, buscamos mejores recompensas y utilizamos ese nuevo poder para afrontar desafíos cada vez mayores. Pero la temporada introduce además una diferencia importante: podemos apropiarnos de la esencia de un Mal Supremo.

El poder de Diablo, Mefisto y Baal

Una de las mecánicas centrales consiste en elegir entre los poderes de Diablo, Mefisto o Baal. Cada uno representa una forma diferente de progresar y ofrece habilidades y efectos que podemos utilizar para enfrentarnos a los mayores desafíos de Santuario.
La temporada introduce las Astillas del Mal, vinculadas con Terror, Destrucción y Odio. Estas permiten obtener poderes relacionados con los Males Supremos y modificar diferentes actividades del juego.
La decisión tampoco es gratuita. Utilizar estos poderes implica aceptar determinadas vulnerabilidades frente a los propios Males Supremos. Es decir, Blizzard propone un sistema de riesgo y recompensa en el que conseguir más poder también puede exponernos a nuevos peligros.
Además, cada Mal Supremo modifica diferentes actividades. Diablo afecta a las Mareas Infernales y las Hordas Infernales; Baal interviene en la Infraciudad y los jefes de guarida; mientras que Mefisto modifica el Foso y las Mazmorras de Pesadilla.
Esto es importante porque evita que la nueva mecánica quede aislada en una actividad secundaria. Los poderes de los Males Supremos terminan teniendo impacto sobre buena parte del contenido que vamos a jugar durante la temporada.

Esquirlas de Alma: poder con un precio
Otro de los sistemas nuevos son las Esquirlas de Alma, objetos que contienen la esencia persistente de algunos de los enemigos más reconocibles de la historia de Santuario.
Cada Esquirla entrega habilidades, beneficios y efectos especiales, pero nuevamente Blizzard introduce una contrapartida: el jugador tiene que aprender a contener ese poder.
Esta mecánica agrega una nueva capa a la construcción de personajes. No alcanza con buscar simplemente el objeto con mejores estadísticas. Tenemos que analizar qué combinación de efectos funciona mejor con nuestra build y qué desventajas estamos dispuestos a aceptar.
En una temporada tan enfocada en los villanos históricos de Diablo, además, las Esquirlas funcionan perfectamente desde el punto de vista temático.
Los objetos del pasado regresan
La nostalgia también llega al equipamiento. La Temporada del Legado Infernal incorpora objetos únicos inspirados en tesoros clásicos de la franquicia, adaptados al sistema actual de Diablo IV.
Entre ellos aparecen nombres muy conocidos para los seguidores de la saga, como la Piedra de Jordán, la Corona de Leoric, los Brazales Némesis, El Horno, Aguja de Arioc, Batida de Henri, Blusa de Pitusa, Destripador de Messerschmidt y Jingum.
La Piedra de Jordán merece una mención especial. El objeto se convirtió en uno de los elementos más recordados de Diablo II y llegó a tener un peso enorme dentro de la economía del juego, hasta el punto de ser utilizada como moneda de intercambio. Ahora regresa a Diablo IV, aunque naturalmente adaptada al equilibrio y los sistemas actuales.
Lo interesante es que estos objetos no quedan simplemente como piezas de colección. Pueden formar parte de diferentes configuraciones y ofrecen nuevas alternativas para experimentar con las builds.

Renacimiento: volver a empezar sin perderlo todo
Otra de las novedades que más sentido tiene para quienes juegan regularmente las temporadas es Renacimiento. La función permite convertir un personaje existente en un personaje del Reino de Temporada y comenzar nuevamente su progresión desde el nivel 1.
El personaje conserva elementos importantes como su nombre, clase, apariencia y preferencias cosméticas, pero vuelve a iniciar su progreso estacional. Hay que tener en cuenta, eso sí, que antes de utilizar Renacimiento conviene transferir el equipamiento y los objetos correspondientes al alijo del Reino Eterno, ya que el personaje comienza nuevamente su recorrido.
Es una función sencilla, pero muy útil. Quienes ya tienen varios personajes creados pueden reutilizar uno de ellos en lugar de tener que comenzar necesariamente con un personaje completamente nuevo.
Correo Horádrico y mejoras de calidad de vida
La temporada también incorpora nuevas opciones para obtener recompensas mediante el Correo Horádrico, además de diferentes mejoras de calidad de vida.
Los Planes de Guerra también reciben cambios para que la progresión resulte más cómoda cuando utilizamos varios personajes. Parte de la reputación puede compartirse entre personajes elegibles de una misma cuenta y división, aunque cada héroe mantiene sus propios objetivos y configuración.
Son cambios que quizás no tengan el impacto visual de un nuevo jefe o una nueva clase, pero que terminan siendo importantes cuando acumulamos muchas horas de juego.
El Cubo Horádrico gana protagonismo
La artesanía también recibe cambios. El Cubo Horádrico incorpora nuevas recetas que permiten modificar diferentes características de los objetos y conseguir un mayor control sobre la construcción del equipamiento.
También se mejora el proceso relacionado con los objetos únicos míticos, reduciendo el componente de azar en determinados procesos de fabricación.
Este tipo de modificaciones apunta directamente al endgame de Diablo IV, donde una buena parte de la experiencia consiste en perfeccionar una build y conseguir que cada pieza de equipamiento cumpla exactamente con lo que buscamos.
El Conjurador: una clase que nos encantó

Y llegamos a uno de los puntos que más disfrutamos durante esta experiencia: el Conjurador. La clase representa una nueva forma de utilizar la magia prohibida y, especialmente, de relacionarse con los demonios. En lugar de funcionar simplemente como mascotas que acompañan al personaje, las criaturas pueden convertirse en herramientas activas de combate.

El resultado es una clase con una identidad muy marcada. Podemos utilizar demonios como parte de nuestros ataques, generar situaciones de control y combinar diferentes poderes para transformar el campo de batalla.

Y tenemos que decirlo: el Conjurador nos encantó. Hay algo especialmente satisfactorio en utilizar poderes propios del Infierno para destruir a las mismas criaturas que habitan en él. La clase tiene personalidad, se siente diferente a las alternativas disponibles y ofrece mucho espacio para experimentar con diferentes configuraciones.

Además, su llegada encaja especialmente bien con esta temporada. Mientras Diablo IV nos invita a apropiarnos del poder de Diablo, Mefisto y Baal, el Conjurador lleva esa misma idea un paso más allá: utilizar el poder demoníaco como nuestra propia arma.
30 años de Diablo en un Relicario
La celebración del aniversario también tiene su propio espacio dentro de la temporada mediante el Relicario, que reúne recompensas cosméticas inspiradas en los 30 años de Diablo.
El sistema permite recorrer diferentes categorías de recompensas y elegir aquellas que mejor se adapten a nuestro personaje. Hay elementos inspirados en héroes icónicos, villanos, clases legendarias y objetos memorables de la franquicia.
Podemos encontrar recompensas relacionadas con armaduras, bestias y armas, convirtiendo el aniversario en algo más que una referencia dentro de la historia.
Los jugadores que opten por los paquetes Premium y Deluxe pueden acceder además a contenido adicional, incluyendo el conjunto Arcángel de la Justicia. El paquete Deluxe suma las Alas de la Justicia y la mascota Señorito del Terror.
Recompensas para seguir jugando
La temporada cuenta con 9 rangos y 125 objetivos, que ofrecen diferentes recompensas a medida que avanzamos. Entre ellas encontramos puntos de habilidad, puntos de Paragon, Chispas Resplandecientes, cofres de objetos únicos míticos, materiales de fabricación, emblemas, títulos, mascotas y elementos para monturas.
También aparecen diferentes bendiciones y bonificaciones vinculadas a las llamadas Urnas de temporada, que permiten mejorar aspectos como la obtención de materiales, los glifos, las recompensas del proveedor de curiosidades y los alijos obtenidos mediante Susurros.
Esto hace que el progreso de temporada esté bastante integrado con el resto de actividades de Diablo IV.
Apartado técnico: 180 FPS y un espectáculo en 21:9

Para esta review jugamos la Temporada del Legado Infernal de Diablo IV en una PC de gama alta, equipada con un AMD Ryzen 7 9800X3D, una NVIDIA GeForce RTX 4070 Super y un monitor ASUS UltraWide de 34 pulgadas con resolución 2K.

Configuramos todos los gráficos en Ultra, desactivamos DLSS y utilizamos una resolución de 3440 x 1440 píxeles, con relación de aspecto 21:9. El resultado fue espectacular. El juego se mantuvo alrededor de los 180 FPS, ofreciendo una experiencia extremadamente fluida durante nuestras sesiones.

Y Diablo IV es uno de esos juegos que se benefician muchísimo de una alta tasa de refresco. La cantidad de enemigos, efectos, explosiones y habilidades que aparecen constantemente en pantalla hace que esa fluidez se perciba especialmente durante los combates.
Pero además del rendimiento, jugar en UltraWide 21:9 nos permitió disfrutar Santuario de una manera diferente. La mayor amplitud de la pantalla hace que tengamos más visión del escenario, algo que se disfruta especialmente con la cámara alejada característica de la saga. Podemos apreciar mejor los entornos, las hordas de enemigos, los efectos de iluminación y todos esos pequeños detalles que aparecen alrededor de nuestro personaje.

También se disfruta muchísimo cuando la cámara se acerca. Los modelos, las texturas, las animaciones y los efectos visuales se ven realmente bien y demuestran que Diablo IV continúa siendo uno de los ARPG visualmente más atractivos. En nuestro equipo, además, no tuvimos que recurrir a DLSS para conseguir una experiencia de alto rendimiento. Ultra, 2K, 21:9 y alrededor de 180 FPS fue una combinación excelente.
Conclusión

La Temporada del Legado Infernal es un gran homenaje a los 30 años de Diablo. El regreso de Diablo, Baal y Mefisto, los recuerdos de los Errantes Oscuros, las Pesadillas en Vigilia y los objetos clásicos aportan una enorme dosis de nostalgia, mientras que las nuevas mecánicas mantienen fresca la experiencia.
A esto se suma el Conjurador, una clase que nos encantó por su particular forma de utilizar el poder demoníaco. Técnicamente, Diablo IV también luce espectacular: en nuestra PC, con Ryzen 7 9800X3D, RTX 4070 Super y un monitor UltraWide 2K, alcanzamos cerca de 180 FPS en Ultra y sin DLSS.
Una temporada cargada de nostalgia, contenido y nuevas posibilidades que demuestra que Santuario todavía tiene mucho para ofrecer.




